Javier Vila: “Velintonia 3 es una reflexión sobre la importancia de los símbolos”
Una reivindicación de la memoria cultural
Tras décadas de olvido y abandono, parece que Velintonia, la casa en la que residió sus últimos años el poeta y premio Nobel, Vicente Aleixandre, vuelve a llenarse de historias y de vida. Hablamos de un templo de la cultura y la poesía de nuestro país, por donde han pasado generaciones de artistas, y donde, como nos cuenta Javier Vila, esa energía se sigue sintiendo entre sus paredes a través de las huellas dejadas por el paso del tiempo. El cineasta reivindica en su documental Velintonia 3 la importancia de los símbolos y la figura de uno de nuestros mejores representantes literarios. Fue presentado en la 22ª edición del Festival de Cine de Sevilla, y tras su recorrido por distintos certámenes, llega a las salas de cine.
El origen de Velintonia 3 reside en la canción del grupo sevillano Maga, ‘La casa en el número 3’, ¿verdad?
Conocía la canción, pero no sabía de qué trataba. La historia es que el grupo fue a la casa a un homenaje de Radio 3, que para cuestiones así se abría. Ellos fueron a tocar ‘La casa en el número 3’ porque era el único grupo que había hecho una canción sobre ella. En el documental, una de las tramas es que Alejandro Sanz, el presidente de la Fundación de Vicente Aleixandre, enseña la casa a las nuevas generaciones. Esa fue la misma visita que nos hizo a nosotros, y ahí conocimos la historia. Me quedé muy impactado viendo el estado en el que se encontraba, por cuyo interior había pasado toda la Generación del 27 y artistas del siglos XX. Era una especie de templo de la poesía. Y luego lo desconocida que es su figura, siendo Premio Nobel Vicente Aleixandre. La casa estaba vacía, pero con muchas de las huellas de la presencia de Aleixandre. Por ejemplo, donde estaba la cama, desde donde escribió casi toda la obra; o donde había estado el reloj de pared, como el símbolo del tiempo perdido. Me parecía muy interesante poder construir un personaje a partir de todas esas huellas.
Comentas lo desconocida que es la figura de Vicente Aleixandre para el público general, incluso has comentado que ha sido un descubrimiento para ti mismo, ¿cómo ha sido el proceso de documentación y familiarización?
Hay una biografía que es La memoria de un hombre está en sus besos, de Emilio Calderón, en la que está muy bien documentado todo. Hay mucha gente que habla de la obra de Aleixandre, pero él mismo también lo hace, también hay una parte de archivo de TVE. También hay mucho archivo epistolar. Tuvo una vida muy de estar en casa, porque tenía una enfermedad crónica desde joven, y escribió miles y miles de cartas. Toda esa documentación también estaba ahí. Ha sido un trabajo arduo, pero siempre manteniendo el norte, y recordando todo lo que había pasado en la casa. Al final ha sido una suerte tener todo ese material, porque es como construir la historia a través de los protagonistas y sus testimonios. He intentado traer todo eso de vuelta a partir de historias cotidianas. Toda esa mezcla ha sido un cóctel que en la sala de montaje ha llevado muchas horas, y han terminado siendo seis meses hilando todas las conversaciones entre los poetas que vinieron a la casa. Creo que era una historia que merecía la pena que estuviese bien contada, en el sentido de que había que ser muy estricto en lo que quería contar.
Fotografías de Andrea del Zapatero
Dígamos que es la casa la que emana la información de la que nosotros tiramos del hilo
Javier Vila, director de 'Velintonia 3'
Durante los meses de construcción de la historia y de montaje del documental, ¿has sentido responsabilidad ante lo que tenías entre mano?
Sí. He sentido mucha responsabilidad porque para mí está al mismo nivel que Lorca, y no se había hecho ningún documental. También es una figura muy desconocida. A mí me interesa sobre todo el género de autor en el documental, pero adoptar un punto de vista de alguien que no se conoce, tenía que jugar con las dos partes. Contar la historia, pero adoptar una perspectiva un poco particular.
En una casa como Velintonia, por donde han pasado tantos artistas, poetas de la Generación del 27… Todo un templo de la poesía y donde han ocurrido tantas historias, ¿cómo ha sido rodar allí?
Su modo de vida era en casa. Hizo que todo el universo fuera allí. Por eso Velintonia se convirtió en lo que se convirtió. Era también una persona muy extrovertida, muy simpática, y sobre todo un gran poeta al que admiraba mucha gente. Hacía que la gente fuera a él, y a la misma vez él se nutría de esas historias que utilizaba para sus poemas. Imaginé ese punto de vista. Cuando vi la casa sentía que debía hacerlo, sobre todo por el estado en el que se encontraba. Lo primero que pensé fue ese punto de vista, que al final es el que utilicé, de alguien que está siempre en casa, una especie de claustrofobia. Alguien que sabe cualquier recobeco, desconchón, el rayo de luz que entra por la mañana… Todo eso me interesaba mucho, y el rodaje lo planteamos igual. Estuvimos allí tres semanas, con un equipo muy pequeñito. Nos sabíamos ya de 12:00 a 12:03, tres minutos duraba el rayo de sol que entraba por tal sitio. Durante toda la película se van recorriendo las estancias, todo muy minimalista y contemplativo. Con el sonido hicimos lo mismo. Nos interesaba traer los sonidos de la casa. El crujir del suelo de la biblioteca, el timbre o los interruptores de la luz. Y todo eso con Isabel Rollán, que es la compositora de la banda sonora, lo incorporamos a la música. De forma que era todo a base de recuerdos. Dígamos que es la casa la que emana la información de la que nosotros tiramos del hilo.
Velintonia fue un faro de la resistencia de la cultura, que iluminaba a todos los que estaban en el exilio durante la guerra civil
Javier Vila, director de 'Velintonia 3'
Una casa que guarda tantos recuerdos y por la que han pasado tantas personalidades, ¿se puede decir que guarda ese aura?
Claro. También planteamos construir la historia de manera coral, con gente de todas las épocas. La idea no era solo contar quién había pasado por ahí, sino que el espectador tuviera también esa sensación viendo la película. Tuvimos la suerte de contar con algunos de los jóvenes del momento, que ahora ya son octogenarios, y que no habían vuelto a la casa desde hacía 40 años. Planteamos un rodaje como un encuentro a dos. Ellos entraban en la casa por separado, iban deambulado y se terminaban encontrando en la habitación donde lo teníamos todo preparado. Y ahí empezaba. Algunos de ellos no se veían desde que se cerró la casa, el día de la capilla ardiente de Aleixandre. Toda esa energía va planeando todo el tiempo. Por lo que la casa sirve también para que por estos protagonistas fluyan todos los recuerdos.
¿Qué importancia tiene para ti poder sacar a la luz historias como estas? El poder reivindicar, el papel que tuvieron para nuestra sociedad personajes como Vicente Aleixandre.
Toda. Recuperar la memoria siempre es interesante y necesario. Justo ahora en este mundo que vivimos, en el que está todo tan revuelto, nos damos cuenta de verdad de la importancia de la memoria, y de traer el pasado de vuelta. Pero también por la importancia de los símbolos que atraviesan el tiempo, la política y todo, y que sobrevuelan muchísimos años después para futuras generaciones. Velintonia desde el 27, en el que llegó Aleixandre, hasta ahora, que se está recuperando la casa y se quiere convertir en un centro para la poesía; casi un siglo después se sigue hablando de ella. Es una reflexión sobre la importancia de los símbolos. Fue un faro de la resistencia de la cultura, que iluminaba a todos los que estaban en el exilio durante la guerra civil. Incluso para los que venían a España en esa época suponía una especie de refugio, como una isla de la libertad. Y tras la guerra se convirtió en el símbolo de la nueva poesía. En 1977, cuando le dan el Premio Nobel a Aleixandre, fue a su obra, pero también a una generación y a un país que se abría de nuevo al mundo tras una dictadura. Fue un símbolo también del aperturismo del país. Cuarenta años tras su muerte, sigue cerrada, y es símbolo del olvido a la cultura y al patrimonio. Para el 2027 parece que hay un plan para darle un final feliz.


