El viaje de mi padre
(Julio Llamazares, 2025)
El viaje de mi padre (Alfaguara) nada entre el pasado y el presente. Ambos tiempos se fusionan entre el dolor y la añoranza en un recorrido vital que Julio Llamazares realiza para lograr de manera literaria lo que no puedo conseguir de forma física, que su progenitor, fallecido hace unos años, regresara a Teruel. Allí tuvo su peor experiencia al verse inmerso en una guerra a la que accedió involuntariamente: la guerra civil española, que, por azar, le cogió en el bando nacional. Como el autor ha dicho en reiteradas ocasiones, “a mi padre le ofrecí volver a Teruel, ya en los últimos años de su vida, y ni siquiera me contestó”. Triste evocación de un ser querido al que la sinrazón y la barbarie del ser humano le condenó sin remisión.
La coincidencia inopinada con Saturnino, el amigo, vecino y compañero de viaje de su padre ayudó sobremanera para que naciera El viaje de mi padre. El destino hizo que ambos, Saturnino y su padre cruzaran España de lado a lado transportando por el frente una radio de fabricación italiana que se usaba para las transmisiones del ejército.
El viaje de mi padre es un recorrido por una parte de España, de ida y vuelta, para Julio Llamazares, quien presuntamente cierra un ciclo vital que estuvo muchos años vivo en él. Se trata de una búsqueda, ¿de la memoria de su padre? ¿del deseo de saber qué pudo haber sido de él en aquellos tiempos bélicos?, en la desolación de un paisaje abandonado en una España castigada actualmente por el olvido de la otra España: trincheras, frío, muertos, miedo… son cuestiones que el escritor intenta recuperar en su obra. La España vaciada se erige en protagonista de un relato marcado por los recuerdos y el dolor. Cruzada por una línea imaginaria que comienza en un lugar recóndito de León, en el invierno de 1938, con solo 18 años de edad y con la compañía de su amigo Saturnino. Y termina en Castellón, en la sierra de Espadán, pasando antes por Teruel, el escenario de la batalla más cruenta de la Guerra Civil, a 22 grados bajo cero. Curiosamente, en este tramo final de aquel viaje, donde también vivieron otra durísima batalla, fue donde pudieron perder la vida, en la última línea de defensa del gobierno republicano, en Valencia.
Julio Llamazares ha definido perfectamente El viaje de mi padre como la guerra en la memoria, y no la memoria de la guerra. Es un homenaje a su padre, a su amigo Saturnino y a todos los que se vieron en un conflicto bélico por mor de las circunstancias.
Porque, efectivamente, podría ser asimismo un homenaje a otros muchos padres que murieron en la guerra, o que regresaron de ella sin volver a ser los mismos de antes.
Sinopsis
«Mi padre apenas viajó. Pero con 18 años hizo por obligación un viaje que le llevó a cruzar la Península Ibérica de punta a punta y que le marcaría por siempre, pues fue para ir a la guerra, de la que volvió milagrosamente, ya que le tocó participar en algunas de las peores batallas de la contienda civil española: la de Teruel y la de Levante, con un punto de inflexión en la Sierra de Espadán, en la provincia de Castellón, donde a punto estuvo de perder la vida. Como sucede siempre, cuando mi padre me contaba esas historias yo no le hacía mucho caso y ahora me arrepiento de ello. Mi padre murió pronto y sus historias quedaron en ese limbo de la memoria en el que se desvanecen las vidas de los que nos precedieron y a los que no escuchamos cuando estaban vivos. Luego nos arrepentimos de ello y, como yo ahora, tratamos de reconstruir sus pequeñas historias con los retazos de lo que se quedó en el aire y aún alcanzamos a recordar y con la imaginación. En honor de su amigo Saturnino y de mi padre, pero también por recorrer paso a paso un territorio, el que atraviesa la espina dorsal de la Península Ibérica, que sintetiza como muy pocos su esencia, me he propuesto llevar a cabo un viaje por él y hacerlo en los mismos meses en los que lo hicieron llevando a cuestas una de aquellas pesadas radios italianas con las que se comunicaba el Ejército español en los años treinta del siglo xx, para sentir lo que ellos sintieron siquiera sea referido al clima. Por el camino, también, quizá encuentre las historias que mi padre me contó y a las que yo no presté atención como haría ahora si pudiera y que la geografía y los paisajes conservarán aun flotando como una pátina sobre ellos, pues la historia permanece en los lugares en los que sucedió como las palabras sobre la memoria».
El autor
Julio Llamazares nació en Vegamián (León) en 1955. Su obra abarca prácticamente todos los registros literarios, desde la poesía La lentitud de los bueyes (1979) y Memoria de la nieve (1982) a la literatura de viajes El río del olvido (1990); Trás-os-Montes (Alfaguara, 1998), Cuaderno del Duero (1999), Las rosas de piedra (Alfaguara, 2008), volumen que da inicio al recorrido sin precedentes por España a través de sus catedrales que cierra Las rosas del sur (Alfaguara, 2018), Atlas de la España imaginaria (2015) y El viaje de don Quijote (Alfaguara, 2016), pasando por la crónica El entierro de Genarín (1981; Alfaguara, 2015), el relato corto En mitad de ninguna parte (1995; Alfaguara 2014) y Tanta pasión para nada (Alfaguara, 2011), el guión cinematográfico y la novela Luna de lobos (1985), La lluvia amarilla (1988), Escenas de cine mudo (1994; Alfaguara, 2006), El cielo de Madrid (Alfaguara, 2005), Las lágrimas de San Lorenzo (Alfaguara, 2013) y Distintas formas de mirar el agua (Alfaguara, 2015). Sus artículos periodísticos, que reflejan en todos sus términos las obsesiones propias de un narrador extraordinario, han sido recogidos en los libros En Babia (1991), Nadie escucha (Alfaguara, 1995) y Entre perro y lobo (Alfaguara, 2008).


