Hay bandas que no necesitan subir el volumen para hacerse notar. Lo de Exsonvaldes el pasado 17 de abril en la sala La2 de Sevilla fue más bien una cuestión de atmósfera, precisión y melodía, de esas que se van colando poco a poco hasta quedarse.
La noche arrancó a las 21:00 con Electric Jarpini, encargados de ir templando el ambiente con un directo solvente y bien medido, que fue creciendo hasta dejar la sala en el punto justo para lo que vendría después. A las 22:30, Exsonvaldes tomaba el escenario sin necesidad de grandes gestos: lo suyo iba a ir por otro lado.
Con Ninety Seconds to Midnight bajo el brazo, el grupo francés desplegó un repertorio que combinó guitarras limpias y un pulso constante. Desde los primeros temas ‘Tired of Everything’ o ‘Horizon’ quedó claro que el directo iba a moverse entre la contención y el despegue, jugando con las dinámicas sin perder nunca el control.
A medida que avanzaba el concierto, canciones como ‘Change’, ‘Paris Bruxelles’ o ‘Silence & Hyperacusis’ fueron construyendo ese paisaje sonoro tan característico de la banda: elegante, melancólico, pero siempre con una base rítmica que empuja.
Uno de los momentos más coreados de la noche llegó con ‘Cyclop’, ese cruce de idiomas francés y español que conecta de forma inmediata con el público. Cuando sonó el verso “He perdido la razón, me cuesta caminar…”, la sala respondió al unísono, convirtiendo el tema en uno de los puntos álgidos del concierto.
El otro gran momento llegó con ‘Seahorses’, una de esas baladas que bajan las revoluciones sin perder intensidad. Aquí la sala cambió de registro: menos baile, más escucha, más voces acompañando desde abajo. Un instante suspendido, casi frágil, que funcionó como contrapunto perfecto.
Pero no todo fue contención. También hubo espacio para los tramos más eléctricos, donde las guitarras tomaron protagonismo y el público respondió con otra energía, más física, más de pista. Temas como ‘Countdown’, ‘Danse’ o ‘Rockets’ empujaron el concierto hacia ese lado más expansivo, demostrando que Exsonvaldes sabe moverse con soltura entre lo íntimo y lo bailable.
El tramo final, con ‘Málaga’, ‘Aerotrain’ y ‘Days’, terminó de redondear un setlist coherente, sin altibajos, que se sostuvo en la consistencia más que en el impacto inmediato.
Lo de La2 fue un concierto de los que no buscan el golpe fácil. Más bien una inmersión progresiva, de esas que te atrapan sin darte cuenta. Y cuando sales, sigues tarareando.


