Julio Muñoz (@rancio): “La ciudad que tenemos (Sevilla) es una fuente inagotable de majaretas”
'American Rancio. El asesino de las Holy Cards'
Siempre que Julio Muñoz, más conocido en el ámbito sevillano como @rancio, anuncia una nueva novela es motivo de celebración. El periodista y escritor ha creado una saga de éxito, que tuvo su debut en 2012 con El asesino de la regañá, y que ha ido ganando más adeptos con cada una de sus entregas, y con la que cada vez más gente se une al hábito de la lectura. El asesino de las Holy Cards (El Paseo) es su última obra, en la que los policías Jiménez y Villanueva viajan a Nueva York para resolver una oleada de crímenes de sevillanas maneras.
El asesino de la regañá, con el que iniciaste esta saga, se publicó en 2012. Han pasado 14 años desde entonces, pero cada vez que anuncias la publicación de un nuevo libro, la gente lo recibe con el mismo entusiasmo. ¿Cómo lo vives? ¿Qué crees que tiene esta saga para que el público la acoja así?
Me encanta que la gente espere cada libro, sobre todo cuando es una saga. Siempre hago el ejercicio de que mis libros los puedas leer sin haber leído los anteriores. Y eso la verdad es que yo creo que me ha ayudado para conectar con los lectores. En cualquier firma, me encuentro a gente que empieza a leer por el último, y después engancha con el primero o con el que sea.
Creo que una de las claves es que mis libros son para gente no lectora. Están escritos de manera muy directa, muy sencilla, muy fácil de seguir y que encima te divierte. Hay mucha gente que no tiene el hábito de leer, pero en algún momento le apetece coger tus libritos, y entonces va entrando de esa manera. También es un libro que la gente lo regala mucho, precisamente por eso, porque como, yo qué sé, todo el mundo tenemos amigos o personas que no leen y nos gustaría que leyeran. Son unos libros que te facilitan mucho la entrada. Y a cambio te recompensa con humor, que no hay mucho humor para adultos en literatura.
Y siendo una literatura tan local la que tocas, porque al final haces muchas referencias a historias que han pasado en Sevilla, a bares, o a personajes que conocemos aquí, ¿Qué feedback te llega de la gente de fuera que haya leído tus libros? ¿Cómo los reciben ellos?
Siempre se vende mucho en Sevilla, por supuesto, Cádiz y Huelva. Es un poco el triángulo donde vendo más. Y después mucho también en Madrid, Barcelona y País Vasco. Me acuerdo cuando vivía en Madrid, que le pregunté a la madre de un amigo de Móstoles que siempre se los compra. Y un día le dije: “Pero, ¿tu madre se entera?”. Y me encantó la respuesta porque me respondió: “Mi madre dice que ella nunca ha estado en Wisconsin y que se harta de ver películas de Wisconsin y de Texas y de no sé qué”. Y me pareció muy buena respuesta porque es verdad que, evidentemente, si tú te has criado en Sevilla o en Andalucía, vas a disfrutar más la novela porque vas a interpretar muchas referencias de manera exacta. Pero es verdad que la historia la puedes seguir perfectamente sin haber puesto un pie en Sevilla.
De hecho, muchas veces hay gente que me escribe y me dice que se ha leído el libro antes de venir para enterarse de esa personalidad más auténtica que sigue teniendo la ciudad, para entender un poco esos códigos. Entonces, las historias, yo creo que, aunque el contexto sea local, tienes que intentar que sea como una historia universal la que vaya por debajo, que afecte y apele a todo el mundo y que se pueda sentir identificado cualquiera.
Cuando hay algo que creo que es especialmente relevante me gusta que estén en los libros para que se recuerden
Julio Muñoz, autor de 'El asesino de las Holy Cards'
Prácticamente publicas una novela al año, y quería preguntarte por el proceso de escritura. Porque escribir una ficción puede ser relativamente fácil, pero crear una historia que enganche, ya es más complicado, ¿qué proceso sigues?
Cuando publico una novela empiezo con la siguiente para tenerla en la cabeza. En ratos que tengo muertos voy pensando en alguna historia, y sobre todo, durante todo el año me voy apuntando cosas que se me ocurren o que oigo, o que me parecen graciosas. Hago esa labor de recogida de bromas, de chistes, de cosas que me encuentro por la calle, o de expresiones que oigo. Y ya tranquilamente voy dándole vueltas a qué historia quiero contar. Cuando encuentro algo que me gusta, lo voy adornando, voy profundizando, pero siempre en la cabeza. Y cuando estoy más o menos en septiembre, lo que hago es que me encierro a escribir la novela, pero ya teniendo claro cuál es la historia, los personajes, dónde va uno, dónde va otro.
Es como muy tramposo, porque escribo la novela como en tres o cuatro días, pero la realidad es que cuando escribo la primera palabra, ya sé cómo acaba. Aunque siempre cambias cosas, pero, más o menos, el trabajo de desarrollo ya está hecho. La escritura como tal me lleva cuatro días, pero el trabajo hasta encontrar esa historia, es durante todo el año.
Una de las cosas que más me ha sorprendido de esta nueva entrega es que has metido sucesos muy recientes, como las pestañas de la Macarena o los aranceles de Trump.
Claro, claro, como lo escribo en septiembre, me daba tiempo a meter una cuñita (risas). A mí también me obsesiona un poco cómo las cosas desaparecen tan pronto, ¿sabes? Cuando hay algo que creo que es especialmente relevante me gusta que estén en los libros para que se recuerden. Para que cuando la leas dentro de cinco o seis años digas “hostia, me acordaba de esto”. Y lo de las pestañas, me ha parecido una ida de olla colectiva absoluta. De hecho me planteé incluso que el libro fuera sobre eso. Lo que pasa es que estaba demasiado fresco, y podría provocar un poco de erosión.
A raíz de lo de la Macarena y las anécdotas de esta ciudad, al principio cuando se leían tus novelas, las tramas parecían surrealistas. Pensabas que esto no podía ocurrir aquí. Pero la realidad y el día a día está superando cada vez más esa ficción.
Hay un montón de cosas que me llegan y que no las puedo meter porque van a parecer increíbles, y han ocurrido en la realidad. Siempre lo que hago es un poco una caricatura, pero lo que cuento, que creo que es una de las claves del éxito de los libros, es que es reconocible en las calles. Los personajes míos, dentro de que son muy caricaturescos, están muy amplificados, pero todo el mundo está viendo en Jiménez a un tío suyo o a un vecino.
Es que eso existe en la calle; por supuesto lo hago crecer para que tenga más humor, pero es que la ciudad que tenemos es una fuente inagotable de majaretas. Entonces, claro, nada más que con que tú estés un poco con el ojo limpio, que a mí me vino muy bien irme a vivir a Madrid, porque todas estas cosas me llaman la atención. Está muy guay porque vas reconociendo cosas que son increíbles y que después, puestas en el formato del libro, llaman un montón la atención. Me dicen, “¿Pero esto cómo se te ocurre?”. Eso no es que se me haya ocurrido, es que eso lo he visto. Ojalá se me hubiera ocurrido (risas).
Aunque el contexto sea local, tienes que intentar que sea como una historia universal la que vaya por debajo, que afecte y apele a todo el mundo
Julio Muñoz, autor de 'El asesino de las Holy Cards'
De hecho, hay noticias que lees y piensas, “esto puede ser de una novela del Rancio”.
Sí, sí. Total, total. Me las mandan muchas veces. Es más, cuando vivía en Madrid, mis libros tenían muchas menos referencias, y creo que eran mucho más pobres porque perdía todo ese pulso. En Madrid hay otros locos. Hay locos, pero son otros.
En relación con esta novela, El asesino de las Holy Cards, sacas a Jiménez de su zona de confort. Lo mandas junto a Villanueva a Nueva York a una investigación. Lo vemos pasarlo mal por no estar en su Sevilla. ¿Por qué decides hacer este cambio?
Porque siempre Jiménez ha sido como el anfitrión. Villanueva me servía para llamar la atención sobre cosas que le explicaba a Jiménez. Y entonces, Jiménez siempre jugaba en una posición de ventaja. La movida ahora es distinta. Ahora lo que me apetecía era decir, “bueno, y si a Jiménez lo muevo, también puede dar mucho humor”. Porque claro, él explicando las cosas de Sevilla a gente de fuera es muy gracioso, pero él pidiendo que alguien le explique las cosas de Nueva York también me podía dar un montón de escenas divertidas. Y entonces fue un poco quitar a Villanueva el papel de pez fuera del agua, y dárselo a Jiménez, que no entiende nada de lo que tiene alrededor. Ese contraste me funciona muy bien, porque en cualquier sitio que lo pusiera iba a dar mucho humor.
En el libro incluyes una frase, que creo que refleja muy bien la esencia de esta saga, “La alegría nos hace invulnerables”.
Esa frase es de Emilio, que es un camarero de Casa Moreno. Es un sitio que está detrás de Plaza Nueva. Emilio es maravilloso porque te suelta versos en los tickets cuando pagas, y tiene algunos colgados en las paredes. A mí me gusta mucho ir para allá y un día lo vi y me pareció como una especie de resumen de cómo me gustaba a mí relacionarme con el mundo. Es decir, si eres alegre, eres invulnerable. Y entonces la metí al final del primer libro. Después lo empecé a usar al final de cada programa de radio de los que hacemos. Y la usé también al final de cada una de las novelas. Es una frase con la que me identifico mucho, con la que se resume un poco el espíritu de los libros. Es súper bonito porque he encontrado una frase que, aunque no sea mía, me define tanto, y que también, por otro lado, ayuda a los demás a tener un poquito de, no sé si de paz, pero por lo menos sí de receta para superar algunas cosas.


