Joecar Hanna: “Quería transmitir la sensación de no sentirse seguro en un espacio”
'Talk me', su nuevo cortometraje
Talk me se proyectó en la pasada edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla y continúa su recorrido internacional con la mirada puesta en los Oscar. Una historia incómoda, poética y provocadora que confirma que los cortos también pueden cambiar las reglas del juego. Hablamos con Joecar Hanna, el creador del corto sobre el origen del proyecto, el rodaje en Valencia, la música como refugio y su colaboración con Spike Lee.
¿La intención era generar agobio? Porque es la sensación que produce.
Sí, había una intuición hacia querer sentir eso. Me interesaba trabajar con la metáfora de cómo se siente una persona en un entorno donde no encaja. Es similar a estar en una cultura completamente ajena o en un espacio dominado por un solo género. Quería que el espectador experimentara esa incomodidad, ese “no estoy en peligro, pero no me siento seguro”. El corto parte de esa idea: ¿qué hacemos cuando no estamos compenetrados con el grupo que nos rodea?
El corto ha viajado por Cannes, Toronto y ahora Sevilla. ¿Cómo estás viviendo este recorrido?
Ha sido una locura. Cuando decidí rodar en Valencia, mi tierra, jamás imaginé esto. Empezó como una idea que parecía una broma, y ahora estamos en campaña para los Oscar. Ir a dos festivales top con un corto es rarísimo, y encima ganar en Toronto fue increíble. Si miro atrás, cuando escribí el guion, parecía un sketch malo… y ahora está aspirando a un Oscar. Me froto los ojos.
Rodaste en Valencia, donde creciste. ¿Cómo fue volver a tus raíces?
Muy especial. Mi primer gran trabajo en cine se estrenó en Sevilla en 2017, con El Desentierro. Volver ahora con mi propio corto y ver el apoyo en Valencia y fuera es lo mejor que me podía pasar. Muchas veces es difícil ser profeta en tu tierra, pero esta vez he sentido respaldo de la prensa, la industria y el público. Eso es una victoria enorme.
Además de dirigir, actúas en el corto. ¿Por qué tomaste esa decisión?
Al principio no quería. Me parecía raro, porque el protagonista está en el centro de todo y la temática es delicada. Pero ya había actuado en mi primer corto y descubrí que me gustaba. Cuando le enseñé el guion a Spike Lee, me dijo: “Esta es tu historia, tienes que hacerlo”. Me costó, pero lo entendí como una oportunidad para dar voz a mi propia visión y prepararme para la película que viene.
La música tiene un papel clave. ¿Por qué la querías destacar?
Para mí la música siempre ha sido un bálsamo. Antes tenía un proyecto musical y llegué a tocar en grandes festivales en España. Cuando escribí el corto pensé que la música era perfecta para representar ese espacio prohibido, ese lugar al que se acude para sentirse libre. Además, incluí una canción de mi antiguo proyecto, cerrando un círculo personal.
Los personajes apenas hablan entre ellos. ¿Cómo trabajaste eso con el elenco?
Fue muy divertido, aunque no teníamos mucho tiempo para ensayar. Decidimos no hacer un ensayo físico porque habría sido extraño conocernos y lanzarnos directamente a escenas tan íntimas. Quedamos antes para generar confianza y ensayamos la coreografía sin contacto, especialmente la escena en la que los cuatro personajes se besan mientras comen. Hablamos incluso de detalles curiosos, como qué comer para que los besos fueran agradables. Cada actor eligió sabores: fruta, sushi… cosas que hicieran la experiencia menos incómoda.
Desde el principio entendieron el espíritu del proyecto, aunque tenían muchas preguntas porque el universo del corto es peculiar. Querían lanzarse al vacío y eso fue increíble. Con Melanie la conexión fue inmediata; es una actriz fantástica y, además, tiene raíces andaluzas, lo que habría hecho especial su presencia en Sevilla. Con Carlos fue más complejo porque introdujimos la idea del balbuceo: los personajes crecen reprimidos, por eso no hablan bien. Melanie, más libre y espiritual, se comunica con fluidez, mientras que los demás arrastran esa limitación. Es una metáfora sobre la educación y la comunicación en este mundo ficticio.
Algo que destaca es que nunca se asume la sexualidad de los personajes. ¿Fue intencionado?
Me encanta que lo menciones porque era totalmente intencionado. En este mundo lo queer está normalizado, no llama la atención. Lo que sorprende es la diferencia cultural, no la orientación sexual. Quería mostrar lo absurdo de nuestras convenciones: cada sociedad establece normas que parecen universales, pero no lo son. Aquí la apertura sexual es natural, pero dos personas que no encajan físicamente con el grupo sí generan curiosidad. Es una proyección de cómo me gustaría que fuera el mundo y, al mismo tiempo, una crítica a lo arbitrario de nuestras reglas.
En España, por ejemplo, la conversación sobre diversidad sexual está muy avanzada, pero la inmigración sigue siendo un tema polémico. En Nueva York ocurre lo contrario: la inmigración no es debate porque es una ciudad de inmigrantes, pero hay otras luchas pendientes. Me interesa cómo cada cultura está en procesos distintos y quise reflejarlo en el corto.
¿Cómo surgió tu colaboración con Spike Lee?
Él es director creativo del máster que estudié en Nueva York. Le enseñé mi anterior corto y le gustó. Me pidió ver lo siguiente y, cuando le mostré el guion de Talk Me, decidió apoyarlo con su fondo de producción. Fue increíble. Respeta tu visión, no se mete en el proceso, pero te respalda en todo. Compartir Cannes con él y su película fue una experiencia vital.


