Maite
(Fernando Aramburu, 2026)
De Fernando Aramburu y su literatura se han dicho muchas cosas; mayormente positivas. Y no digamos de los premios y reconocimientos que su obra ha ido recibiendo. Por eso, no es extraño que ocupe un lugar relevante en el panorama literario español. Maite (Tusquets) es una muestra más de su refinado estilo, de la delicadeza de su narrativa, pero a la vez adobada de una punzante crítica (que no tienen que ser opuestas), del tratamiento de cirujano de la psicología de sus personajes, seres que nadan entre la incertidumbre, el temor, las ilusiones y las falsas esperanzas, el desarraigo emocional y la lucha continuada por la supervivencia. Enmarcadas sus novelas prioritariamente en Euskadi, el lector siente, aunque sea de distintos lares, esa complicidad que une a los seres humanos cuando nos damos cuenta de que somos iguales, independientente de donde vengamos y hacia donde vayamos (o huyamos, como es el sentido de la vida de muchos los personajes que jalonan la trayectoria creativa del autor de trabajos espléndidos como Patria, Los vencejos, El niño, Tiempos lentos o el mismo Maite, que nos presentan a seres que, realmente, sí son Hijos de la fábula del mundo en que habitamos).
Con su última novela, Fernando Aramburu ha viajado, y nos ha invitado, a San Sebastián; la bella y señorial Donostia. Allí vive una mujer, Maite, quien cuida a su madre, víctima de un ictus, y que, se supone, disfruta del amor y la calidez de un matrimonio bien avenido. Como en cualquier familia, los problemas no son ajenos a este submundo de personajes que habitan en la capital guipuzcoana. Y a Maite y a Manoli, su progenitora, la visita después de muchos años de ausencia Elene, la hija pródiga, quien tras casarse con un estadounidense y marcharse a vivir a Providence, vuelve para pasar cuatro días en familia.
Maite se desarrolla durante los cuatro fatídicos e inolvidables días en los que la banda terrorista ETA hizo, una vez más, aquello que tan bien sabía hacer, fomentar el terror, el miedo, el odio… y secuestró vilmente al joven concejal de Érmua, Miguel Ángel Blanco. En esa simultaneaidad de nuestras vidas nace, crece y muere la breve historia de la visita de Elene a su madre y a su familia, periodo de tiempo en el que muchas cuestiones van saliendo a flote. Las deudas emocionales pendientes, las frustraciones, los secretos… que parecían guardados en el baúl de la memoria florecen en un reencuentro familiar que Fernando Aramburu afronta con calma, ternura y mucho tacto, pero con la verdad de una realidad que no puede esquivarse.
El planteamiento de la trama es de una gran consistencia; el paralelismo del regreso temporal de Elene a su San Sebastián natal, donde su hermana Maite y su madre Manoli intentan sobrevivir, con el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco, es trazado de forma precisa por quien es el auténtico personaje de la novela: la referida Maite.
Quien se acerque a esta novela buscando el morbo, el recuerdo sociopolítico, la crítica ácida de lo que ocurrió con el político asesinado puede salir defraudado, y probablemente, no conozca, además, a Fernando Aramburu. Impera más el retrato psicológico de unos personajes normales, de vida cotidiana, que en un momento determinado registran un cambio relevante con el regreso de uno de los miembros de la familia que parecía perdido de por vida. Y que en el mismo periodo de tiempo, por mor del azar o la coincidencia de situaciones, han de afrontar la crueldad del ser humano cuando le domina la sinrazón, como ocurrió con Miguel Ángel Blanco. Incluso, la narración, a través de Maite, nos lleva a preguntarnos cómo vive la familia del joven concejal aquellos días interminables, cómo reciben el mazazo de la confirmación de un crimen anunciado… Incluso, Maite, como conexión entre el lector y esa narración, se pregunta por el estado de salud del hombre secuestrado, por su situación emocional ante algo tan atroz e ignominioso.
Maite es una novela triste, por supuesto, tierna, de una calidad literaria propia de un autor como Fernando Aramburu, que, además, nos pone en situación en cuanto a ese ambiente de grisácea realidad en la que se desenvuelven los personajes. Y cuenta una historia que no evita la crítica, el varapalo, a situaciones que el lector irá encontrándose conforme vaya leyendo.
Sinopsis
Dos hermanas y una madre que no se dicen toda la verdad. Cuatro días grabados a fuego en nuestra memoria colectiva. Otra novela inolvidable de Fernando Aramburu.
San Sebastián, julio de 1997. Mientras su marido está de viaje por trabajo, Maite recibe a su hermana Elene, que, tras pasar largos años en Estados Unidos, vuelve a su ciudad porque la madre de ambas ha sufrido un ictus. En los días que pasarán juntas, las hermanas y la madre conviven y conversan pero rehúyen decirse toda la verdad. También evitan mirar de frente la tensión social que las rodea: ETA ha secuestrado a un concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco, y amenaza con ejecutarlo si no se cumplen sus demandas. Los hechos históricos corren en paralelo a la intimidad de Maite, una mujer sensible, compasiva, atenta, pero atrapada en convenciones que le impiden abrir los ojos y afrontar la realidad.
Fernando Aramburu lo ha vuelto a hacer: nos entrega una novela emocionante e inolvidable, otro hito en su narrativa, que lo afianza como uno de los grandes narradores europeos del momento; una historia que vuelve la mirada a la memoria reciente del País Vasco y cuyos personajes, retratados con hondura psicológica y profunda humanidad, nos conmueven, en especial su inmensa y memorable protagonista.
El autor
Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) es autor de los libros de cuentos Los peces de la amargura (2006, XI Premio Mario Vargas Llosa NH, IV Premio Dulce Chacón y Premio Real Academia Española 2008), El vigilante del fiordo (2011) y Hombre caído (2025), de las obras de no ficción Autorretrato sin mí (2018), Vetas profundas (2019) y Utilidad de las desgracias (2020), así como de las novelas Fuegos con limón (1996), Los ojos vacíos (2000, Premio Euskadi), El trompetista del Utopía (2003), Bami sin sombra (2005), Viaje con Clara por Alemania (2010), Años lentos (2012, VII Premio Tusquets Editores de Novela y Premio de los Libreros de Madrid), La gran Marivián (2013), Ávidas pretensiones (Premio Biblioteca Breve 2014) y Patria (2016, Premio Nacional de Narrativa, Premio de la Crítica, Premio Euskadi, Premio Francisco Umbral, Premio Dulce Chacón, Premio Arcebispo Juan de San Clemente, Premio Strega Europeo, Premio Lampedusa, Premio Atenas, entre otros), el último gran fenómeno literario español, traducida a 35 lenguas y convertida en prestigiosa serie. Los vencejos (2021), ácida y enternecedora, Hijos de la fábula (2023), El niño (2024) y Maite (2026) lo han confirmado como uno de los mejores escritores europeos. Ha recogido su poesía completa en Sinfonía corporal (2023).


