Benjamín Prado: “Me gusta divertirme, meterme en camisa de once varas, sacar los pies del tiesto”
'Qué estoy haciendo aquí', su nueva obra
Poeta, novelista, ensayista, comunicador, Benjamín Prado es un referente en nuestro país y una de las voces más destacadas del panorama intelectual y sociopolítico. Su obra ha recibido el reconocimiento internacional hasta el punto de ser publicada tanto en Hispanoamérica como en Estados Unidos y varios países europeos. Gatrópolis ha tenido la satisfacción de compartir con él los pormenores de su último trabajo, hasta ahora, Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara); un trabajo con muchos tintes autobiográficos y grandes dosis de melancolía de un tiempo que ya se fue, pero con mucho sentido del humor.
Benjamín, enhorabuena por el libro, Qué estoy haciendo aquí. Me ha gustado mucho, y destaco para empezar una reflexión que haces sobre el miedo, el miedo a hacer las cosas, y que no tenemos que quitárnoslo nunca de encima.
Pero el miedo es un combustible estupendo… Los músicos siempre dicen eso de “el día que no te dé pánico salir al escenario, lo mejor es que no salgas”. Porque es el temor a hacerlo mal, las dudas, la inquietud, esas mariposas negras que te aletean por él; el estómago cuando vas a salir a un sitio donde hay mucha gente esperándote. Yo creo que es una parte muy importante del trabajo que hacemos, y que sin él uno sería algo así como un profesional, lo cual es un horror en ese caso.
Soy un poeta, un poeta que hace otras cosas. Pero un poeta nunca sabe si el poema que ha escrito es el último. Si tú eres carpintero, tienes la certeza de que sabes hacer mesas, porque has hecho 50, 100 o 500. Haber hecho 5000 poemas no te garantiza que vas a saber hacer otro más. Entonces, yo creo que ese pánico que le temenos al libro, a la página en blanco, o si la página está mal escrita, que es peor que la página en blanco, es una parte muy importante del trabajo.
Dices que eres poeta, pero también has colaborado en la composición de discos, sales en televisión, participas en radio, etcétera. El libro sí que se divide en esa parte de poeta, dramaturgo, periodista que llevas dentro. Pero ¿cómo te definirías realmente?
Soy un pulpo, que es el mejor, el que mejor se lo pasa en el garaje. Me gusta meter la cuchara en los platos de los demás. Creo que el gran invento español es el tapeo, porque es mucho más divertido probar diferentes cosas que el sopa-filete-manzana, que es mucho más aburrido. Me gusta divertirme, me gusta meterme en camisa de once varas, me gusta sacar los pies del tiesto. Me gusta pensar que todavía puedo luchar contra la rutina de las cosas; la rutina es el cementerio de los vivos, es un horror. Todo eso hace que me parezca divertido levantarme por las mañanas, ¿no?
Fotografía de Patandi
De mis amigos hay que echarme siempre. Siempre lo estoy pasando bien con ellos
Benjamín Prado, autor de 'Qué estoy haciendo aquí'
En el libro se habla un poco de la importancia de los maestros, por aquel que tú dijiste que te inculcó un poco toda la poesía. Pero sí que has estado muy acompañado en tu vida de referentes y de personas que luego han sido también maestros tuyos. ¿Cómo ha sido ese aprendizaje con personas como puede ser Sabina, por ejemplo, y haberte movido por distintos ámbitos culturales?
Es una ventaja. Con toda esta gente de la que hablo, no creo haber tenido un minuto malo, un minuto aburrido, no creo haber querido irme. De mis amigos hay que echarme siempre. Siempre lo estoy pasando bien con ellos, siempre nos estamos divirtiendo. Y eso es maravilloso, porque son gente que dicen cosas interesantes, que tienen un ingenio que te hace reír todo el rato, que te enseñan cosas. Y que además pueden ser íntimos amigos. No tiene que ver con estar con alguien de quien te olvidas quién es. Hay una relación familiar realmente de confianza absoluta. La confianza sabemos que consiste en que dé asco. He tenido esa suerte, la verdad, de estar al lado de esas personas. Les has llamado maestros, te lo compro, son maestros en lo suyo, pero además se les puede querer como si no lo fueran, como si fueran gente corriente. Y no lo son; nunca se es Alberti por casualidad, o Sabina. Hay mucho trabajo, mucho talento, mucho ingenio, algo muy especial, detrás de ellos. Pero es cierto que nunca con ellos he tenido la sensación de que me estuvieran recordando: “Oye, no olvides que yo soy Alberti, y tú no”. Eso no ha pasado nunca, y esa es la grandeza de esta gente.
¡Qué guay! Al final, lo que haces en Qué estoy haciendo aquí es una autobiografía. Pero me parece que también es una biografía de otras muchas personas de un mundo que dices que se ha extinguido.
Empecé a escribir, sobre todo, en un momento en el que la generación del 27 estaba viva, pero también conocí a María Zambrano, y a Rosa Chacel, y a Gerardo Diego, y a Vicente Aleixandre…, en fin. A María Teresa León, que ya no sabía ni quién era ella. Conocí a la gente del boom que estaba en pleno apogeo, a García Márquez, etc. Aquel mundo no solamente se ha extinguido porque se han muerto, sino porque se han extinguido los valores que transmitía. He vivido un mundo donde la palabra clave era “nosotros”, y creo que venimos ahora a uno donde la palabra clave es “yo”, que es el mundo del neoliberalismo. Y consiste en convencer a la gente de que esto es una tarea individual, y que lo que mola es la gente que se hace así misma; y es gente que está mal hecha. Uno se hace así mismo mucho mejor en compañía, intentando recordar que el verbo más bonito del diccionario es el verbo cuidar.
Los mensajes hoy son: “¿tú tienes la nevera llena, Diana? ¿Tu coche es mejor que el del vecino?”. Ya está. No te preocupes. Éramos más reivindicativos, más peleones. Nunca hubiéramos permitido que el país estuviera lleno de trabajadores pobres. No existía ese concepto. Ahora existe. Y había otros valores morales, incluso referidos a la propia cultura. Nosotros entendíamos que la cultura es un viaje hacia atrás. Vivimos en el grado más bajo del saber que es el estar enterados. Todo el mundo quiere estar enterado de todo. Todo el mundo quiere conocer el single, el titular, sin profundizar. Antes comprabas un disco y lo quemabas hasta el final, y te enterabas hasta de quién era el productor. Y ahora es un poco como “tengo 60.000 singles”. En esta cultura del picoteo en la que vivimos, también te digo una cosa: no tengo ninguna necesidad de ser moderno. Cero.
Fotografía de Patandi
He vivido un mundo donde la palabra clave era nosotros, y creo que venimos ahora a uno donde la palabra clave es yo
Benjamín Prado, autor de 'Qué estoy haciendo aquí'
No hemos hablado de tu relación con el periodismo…
El periodismo de camiseta me desespera. El periodismo que tiene mucho más que ver con la línea editorial del medio que con lo que piensa el propio periodista. Y eso me parece muy triste; vivir en una sociedad en la que tanta gente tiene miedo a decir lo que piensa. No te vayas a pegar contra las corrientes de opinión. Eso es una pena. Yo creo que no hay que tener miedo incluso a equivocarse. Equívocate. Hoy la gente está muy asustada. En el periodismo también.
En un momento del libro dices que no hay nada como tirar la casa por la ventana cuando hay un amigo dentro. Entiendo que habrá tenido que ser duro también hablar de muchas personas que han sido importantes para ti y que, por desgracia, han desaparecido. ¿Cómo lo has llevado?
Es muy duro ver que tienes tantos muertos en la agenda, realmente duro. Es gente a la que yo veía prácticamente a diario, hablaba con ellos habitualmente. Teníamos esa relación que yo considero que es la amistad. Tú eres amigo de alguien cuando le llamas porque no tienes nada que decirle. Si tienes que tener un motivo, ya no eres tan amigo. Entonces, había gente a la que quería, a la que cuidaba. Y me faltan muchas personas, y es duro. El caso de Almudena Grandes. Ella tenía una personalidad tan absolutamente arrolladora que cuando llegó a nuestro grupo, nosotros éramos amigos hacía veintitantos años. A los dos minutos ella era el eje central, todo giraba a su alrededor. Tenía la cualidad del liderazgo, de ser la madre de todo el mundo; tenía una generosidad con su tiempo. Yo le gastaba una broma, le decía: “mira, el día que se extinga esta raza de todos los demonios, quedaréis Will Smith, que es el que queda en todas las pelis, y tú”
Para terminar he de decirte que a pesar de hablar de momentos brutales y duros, me he reído mucho leyendo tu libro…
De eso se trata, de eso se trata. Me das la alegría mayor que se me pueda dar; porque te has reído con el libro. Es curioso. Me alegra que te haya hecho reír. porque de eso se trata.
Pero fíjate, lo he escrito en seis meses. Yo no tardo en escribir un libro nunca menos de tres o cuatro años. Fue una cosa verdaderamente rara en mí, pero es así; yo estoy feliz por eso. Yo me decía, “pero Benja, con lo despistado que eres, con la incapacidad que tienes para recordar una fecha, un número”.


