Alejandro G. Calvo: “En general, los críticos escribimos para otros críticos. Es uno de nuestros grandes errores”
'¿Por qué tengo que ver esta película?', su nuevo libro
El 24 de octubre, por el festival de cine Abycine, uno de los mayores críticos de nuestro país (y mi favorito) viene a Albacete para hablar sobre su último libro: ¿Por qué tengo que ver esta película? (Temas de hoy). En él, Alejandro G. Calvo nos propone una búsqueda divertida e incesante por la historia del cine, y nos proporciona para conocer en profundidad la magia de este arte.
Para nuestros lectores que todavía, desgraciadamente, no te conozcan, háblanos un poco sobre quién eres, tus comienzos y, también, sobre los referentes que has tenido durante toda tu carrera.
Soy Alejandro G. Calvo, tengo 47 años, y llevo dos meses sin fumar… Yo, desde muy pequeño, quiero ser crítico de cine. Empiezo a escribir mis movidas a los 12 años, que eran como… bueno, cosas que escribía ¿No? Mis movidas divertidas y, a los 15-16 años me pongo a hacer crítica de cine para mí, hasta ahora. Es cierto que no me publican hasta los 17, y no cobro hasta los 24-25. Por esto, porque es muy difícil ganarse la vida como crítico. Muy, muy difícil. Yo he tenido muchísima suerte. Me ha ido bien, y puedo vivir de la crítica, pero es algo muy raro, porque, la mayoría de los críticos son profesores, periodistas, sobre todo. Yo he tenido muchísimas profesiones, porque hasta los 25 no cobré como crítico. Tuve que trabajar de todo: DJ, barman, repartiendo chorizos… De todo.
Mis referentes en la crítica, sobre todo, aunque he leído muchísima crítica francesa y americana, siempre son españoles. Son gente como Hilario J. Rodríguez, Carlos Rosilla, Quim Casa… Yo aprendo y me enamoro de la crítica de cine leyéndoles. Y sigo haciéndolo. Sigo fascinado. Ahora tengo la suerte de que muchos son amigos míos, de que quiero hacer un programa, y les puedo invitar. Así que, sobre todo, es eso. Es decir, te podría decir: “No hombre. Yo soy proselitista de André Bazín”, pero, realmente, a quien leía y a quien me quería parecer era a Carlos Rosilla, y Carlos sigue en activo. He estado con él este Sitges, y es un maestro absoluto. Así que esos son mis referentes como críticos. Ahora bien, como comunicación, yo siempre lo digo (y a la gente le hace mucha gracia, pero creo en ellos), son Antonio Daimiel y Karlos Arguiñano. Porque son los mejores en lo suyo (periodismo, NBA, la cocina) y, aun sabiendo mucho y pudiendo ser unos idiotas presumidos, son gente cercana y sencilla, y creo que hay un valor brutal en eso.
Además de ser crítico de cine eres escritor. Has publicado ya dos libros. El primero es Una película para cada año de tu vida y el segundo ¿Por qué tengo que ver esta película?, que me gusta decir que te los puedes leer como si fuese uno mismo…
(Ríe). La verdad es que el primero está separado por años, pero por encima de los 50 no distingo (Ríe). Es una prevaricación absoluta. Yo quiero hablar de estas pelis, pero yo no me puedo poner en la piel de una persona de 80 años. No me puedes pedir eso. Así que te pongo estas, y si te parecen bien, bien, y si no, no. No puedo decir que ahí haya sido científico; Es decir, quería meter estas películas. Las he metido y, bueno, pues igual alguna cuadra y otra no. Por debajo de 50 sí que creo que están más afinadas.
Siguiendo con el hilo de la pregunta, mientras lo escribías ¿hubo algún puesto en el que dudabas en si poner una película u otra?
Sí. Claro. Para empezar, tenía una lista de 500 películas, y entran 100…101. Piénsalo. Es lógico. Cuando tú tienes entre 10 y 30 años pasan muchísimas cosas en tu vida. Luego, ya te digo que no. (Ríe) Después, la vida se estandariza. De hecho, antes de los 30 te diría, pero, se estandariza, y entonces ya es más claro, pero, hay muchísimas películas que hablan de la adolescencia, de los 20 años, de lo que significa abandonar esa adolescencia… Hay miles. Entonces, ahí tenía un chorrón de películas. Por otro lado, no quería ser obvio. No quería ser algo que fuera nada atractivo porque era lo esperado. Me lo pasé muy bien. Cuando me lo ofrecieron dije: “Esto no sé si yo… Va a ser una tontería…”. Y para nada. Es un libro en el que creo mucho. Me lo pasé muy bien escribiéndolo, y es un libro del que estoy muy orgulloso.
El segundo libro no lo divides tanto por edades, sino por secciones. ¿Hubo alguna sección en la que te hubiese gustado indagar más?
De hecho, cuando empiezo a escribir las pelis españolas, me encanta, y dije: “Buah. Se lo voy a decir a la editorial”. Les pregunté si se podría hacer solo del cine español, porque molaría mucho. Al final, lo he resumido no sé si en 13 títulos o 13 eran las de terror…
Sí, 13 son las de terror.
Pues son 10 españolas, o algo así. Si cojo y hago 50, coso una historia del cine español que hoy por hoy no está publicada, y eso mola con la idea de defender un estilo de cine que, desde la crítica tradicional, ha denostado terriblemente ¿no?, y mezclar lo sagrado con lo profano. La editora me dijo que estaba de acuerdo, que los textos le estaban gustando muchísimo y que molaba, pero me dijeron que no (Ríe). Me hubiera encantado hacer un libro solo de cine español. Me hubiera encantado porque, además, en el primero, casi no hablo de cine español, y eso es algo que me di cuenta en la promoción. Me lo decían mucho, y parece que me juega en contra, pero no. Precisamente creo que puedo hablar sobre pelis españolas saliendo de los siete clásicos de siempre, para que la gente descubra que tenemos películas superguapas.
Si tuvieses ahora la oportunidad de escribir otro libro, ¿de qué sería?
Estoy en ello. Me están ofreciendo muchas cosas. No lo sé. En principio, tengo que escribir el segundo volumen de esto. Desde un punto de vista personal, tengo una idea para hacer algo muy experimental que me gusta mucho, y he empezado a escribir un poco. Me encantaría que saliera, pero exclusivamente depende de mí, y de que tenga tiempo, y es algo que no tengo. Porque sería escribirlo por mi parte, y luego hablar con la editorial. No al revés, porque estos dos libros han sido encargos. No, esto me gusta a mí hacerlo por una razón en concreto. Pero es algo muy radical. No lo he hecho nunca (lo cual me mola, porque me gusta mucho desafiarme a mí mismo), y no sé si va a salir, la verdad.
La otra es seguir con eso, lo que estoy haciendo. Escribir el volumen dos. No complicarme, porque, lo bueno de los libros por película es que entras y sales de ellos fácil. Dices: “Me meto, quiero leer solo sobre esta peli, acabo, y ya no vuelvo a pensar más hasta la siguiente”. Lo otro que quiero escribir no. Es largo y continuado. Entonces, dada como es mi vida, que tengo que pararlo todo, y ponerme a escribir alguna Retrocrítica de yo qué sé. Yo las inmersiones las hago muy profundas. Siempre, antes de escribir, me documento al máximo. Es como que tengo que ser la persona que más sabe del planeta sobre esta peli y, una vez que lo sé todo, escribo desde cero. Siempre he trabajado así. Entonces, si estoy haciendo varias cosas a la vez, eso no lo puedo hacer. Por eso es para mí difícil escribir un texto largo. Tengo que probarlo, pero no lo sé. Así que, de momento, solo estoy aceptando libros sobre pelis.
Para quien no lo sepa, sirves como punto de anclaje entre el mundo del cine clásico y esa parte de la sociedad más juvenil. ¿Cuál crees que es el mejor momento del cine a nivel artístico?
A ver, a ver, el mejor momento de la historia del cine… O sea, el cine como arte… es un arte tremendamente joven y, por lo tanto, ha vivido varias revoluciones muy rápido, pero, honestamente, hace 100 años, en la década de los años 20, se dan pie a todas las vanguardias cinematográficas con las que el cine alcanza su cenit. Es el momento de mayor gloria del cine, que es en el cine mudo en los años 20, con el que alcanza su mayor expresividad y su mayor potencial artístico. A partir de ahí, todo son revoluciones, pero yo disfruto mucho con el cine de los años 70 norteamericano. Encaja mucho con mi forma de ser, te diría. Un cine radical, violento, molón, donde existe por igual una cierta modernidad de los géneros, porque los géneros entran en decadencia a finales de los 50 y en los 60 llega el Spaghetti Western; se asienta el polar, el terror se vuelve muy gráfico, muy audaz, y en el cine de los 70, no solo con el norteamericano, con todo, también con el español. Yo me siento muy a gusto con el español, me gusta mucho. Pero toda la historia del cine tiene sus películas maravillosas, sus momentos artísticos relevantes, y yo lo entiendo como un todo. Como algo que no creo que haya solo que disfrutar de esto.
Si el cine es una tarta, yo me la quiero comer toda. Es un símil un poco idiota, pero no soy alguien que diga: “No, no. A mí solo Tarkovsky, Bresson, los cineastas poetas o solo me interesa el cine de superhéroes, por poner el otro extremo”. No. Yo me lo quiero ver todo y lo quiero disfrutar todo. Obviamente, me gusta mucho más Bresson que Marvel, pero… bueno, también hay momentos en que te entra muy bien una película de Marvel.
Para quien no lo sepa, en tu canal de YouTube, no solo haces críticas a películas actuales. También tienes la sección de Retrocríticas, donde hablas sobre películas antiguas, la sección de Cien a Quemarropa… y el de los Oscar, donde te juntas con amigos que también son críticos para hablar sobre las nominadas. ¿Tú crees que, ahora mismo, las galas de los premios relacionados con el cine se toman más en cuenta que antes, o al revés?
Buena pregunta. El mundo ha cambiado en cuanto a que estamos muy enchufados a la actualidad porque, como todo es actualidad ahora y, ya al minuto ha muerto (es desactualidad), ya no interesa. Tiene algo: las respuestas en vivo del momento, el estar presente… ¿No? Hay algo ahí que no tenía antes, y eso hace que… no los Oscar… Ahora se comentan todas las entregas de premios que existen: “No, no, la selección de críticos de Wisconsin dice que la peli del año es tal”. Y dices: “Pero, ¿cómo que la selección de Wisconsin? ¿Y a mí qué me importa? ¿Por qué le estamos dando importancia a esto?”. No está tan lejos de “No, no. Esta película ha tenido una ovación de 7 minutos en el festival de Venecia”. Son cosas ridículas, pero es el “¡En este momento, han aplaudido 7 minutos!”, ¿no? Hay algo ahí de necesidad de querencia del momento. Pero, estamos ahí. Por eso, puede ser que tengan más importancia que antes, porque también tienen mucho menos recorrido. Entonces, a mí (yo que soy muy del Slow, o sea, me gusta que las cosas pesen. Que tengan su tiempo para que todos las disfrutemos y las valoremos, y no sirve de nada que Drive my Car (Ryusuke Hamaguchi, 2021) tenga no sé cuántas nominaciones, si luego la gente no ve Drive my Car…).
Entonces, aunque sí tenemos una aproximación, mis amigos y yo, cuando hacemos programas, más lúdica de lo que suele ser la crítica tradicional, yo me lo tomo muy en serio. Y, al mismo tiempo, puedo estar riéndome, haciendo un programa: me lo pasé muy bien haciendo Tarde de Perros, la otra tarde, con El cebo (Ladislao Vajda, 1959). Me reí un montón; pero para mí es muy importante hacer un programa sobre El cebo. A mí, los Oscar me importan muy poco, pero es divertidísimo. Es como ver un partido esa noche, pero tiene un valor añadido. Cuando te gusta el cine y cuando eres cinéfilo y cuando estás aprendiendo sobre cine, eso en el fondo lo vives muy solo. Es una cosa que vives tú en tu casa con las películas y, el día en que de repente estás sentado con cuatro cinéfilos más, y tienes una conversación chula, eso es la caña. Si, además, se incorpora el humor, es la gloria. Cuando yo monto Tarde de Perros, no solo pienso (porque los Oscar son como un Tarde de Perros muy largo) que no solo mola el hecho de estar hablando sobre una peli o de una ceremonia de entrega de premios. Mola estar compartiendo con la gente momentos en los que yo me lo paso en grande con mis amigos, porque muchas veces pienso: “Es que, a la gente le gustaría estar aquí. Estar con nosotros hablando de cine y riéndose”, y va por ahí esa experiencia.
Entonces, yo, con Santi y Alberto, que han sido con quienes he visto las dos últimas galas, me muero de la risa. Unos tíos super divertidos que saben mucho. Santi es más showman, es más presentador, más narrador, y Alberto sabe de cine lo que quieras. Entonces, nos lo pasamos muy bien, y dices, “vamos a ver si a la gente le gusta”. Y, sí, la verdad es que se ve un montón. Increíble.
Me gusta ver la gala de los Oscar con vosotros porque hacéis muy buena retransmisión. ¿Cómo ves este año? Yo creo que Los Pecadores (Ryan Coogler, 2025) va a arrasar.
No lo sé. Molaría mucho. Yo creo que van a nominar como siempre a Paul Thomas Anderson (Los Angeles, California, EE.UU, 1970) a un montón, y no va a volver a ganar nada, y eso me cabrea mucho. Pero bueno. Vamos a ver qué pasa. Netflix va a empujar mucho con Frankenstein (Guillermo del Toro, 2025), que a mi no me convence. Se me hace un poco rollo. Entiendo lo que quiere hacer, lo respeto, y a mí Del Toro me cae muy bien, pero su Frankenstein se me hizo rollo. Entonces… No lo sé. El tema es que se estrena en cines, pero es una trampa, porque en la mayoría de los cines no la estrenan, porque no están de acuerdo en cómo funciona Netflix.
Para ti, dentro del canal de YouTube de Sensacine, ¿Cuál crees que es el mejor vídeo del canal?
El Cine a Quemarropa del Western. Lo que pasa es que me lo han quitado, pero digamos que, históricamente, está en Dailymotion y en Sensacine Web, pero es mi vídeo favorito y el de Verónica también. Ese vídeo nos cambia la vida. Nos la cambia el del primero del lenguaje, nos la cambia el de la crítica de Glass (M. Night Shyamalan, 2019), que fue el primer vídeo audaz, pero el A Quemarropa del Western. De repente digo… Es que fue increíble. Fue increíble decirle a Verónica: “Vamos a hacer un vídeo sobre el Western clásico, que va a durar dos horas”, y Vero me dijo: “Me encanta”, y mi jefe me dijo: “No puedes hacerlo. Tienes que hacer otra cosa”, y me dio igual, y lo hice. Lo escribí, y Vero me acompañó al final y le dije: “Igual nos despiden”. Lo grabamos, lo editamos (yo me acuerdo del primer día que lo vi, estaba llorando, diciendo que qué hemos hecho, que qué locura) (Ríe). Le dije a Vero que lo iban a ver 10000 personas. O sea, nos pueden despedir, pero esas 10000 personas seguro que flipan. Lo estrenamos en un cine en Madrid (uno de los mejores días de mi vida), y el vídeo lo vio un millón de personas. Un millón. No nos lo creíamos. Era como, “hemos hecho un vídeo de Western clásico, y lo ha visto un millón de personas, y mi jefe se tuvo que tragar. Luego me mató los A Quemarropa. Se esperó un par de años y me los quitó, pero, el momento fue, a nivel crítica, lo mejor que haya hecho en la vida. Que puede ser que haya hecho cosas mejores, porque el Slow Cinema creo que es peak de teoría del cine para mí, de lo que yo he hecho, pero me quedo con el Western”.
En la carrera universitaria que estoy estudiando, un profesor de una asignatura, un día, puso un vídeo tuyo… ¿Tú crees que has llegado a todo el público que querías llegar?
¿Yo? Yo he llegado a mucho más público del que podía soñar! En general, los críticos escribimos para otros críticos. Yo siempre lo digo. Es uno de nuestros grandes errores. Es como si vivieras en un pueblo pequeñito, y escribieras para ese pueblo. Es un error total. Entonces, el cómo puedes romper eso, y hablarle a la gente normal, porque el cine nos gusta a todos. Háblale a la gente, pero no bajes el discurso, pero hazlo más cercano. No seas elitista, no seas un capullo,… Hay críticos que te escriben pegándote, como: “¡No te mereces leer esto!”. No. Teniendo en cuenta que está bien que existan distintos modelos de crítica para distintos lectores (que es importante esto). Pero creo que, si yo escribo para que otro crítico diga: “Oh, que listo eres”, está muerto eso. No sirve para nada. Para mí, cuando pienso en quién va a ver esto, es Verónica (que es quien me edita) y pienso: “Si le gusta a Verónica, y me gusta a mí, yo creo que le va a gustar a alguien más”. Y no me obsesiono más con ello, y nunca me esperaba (nunca, nunca) me he esperado llegar a tanta gente ni de coña. Es una locura. Yo… no sé. Yo disfruto mucho, y trato de apreciarlo, y trato de no acomodarme, y no… creérmelo tampoco, porque siempre digo que vales lo que tu último vídeo, o tu último texto escrito, así que tienes que seguir. Eso no resta todo lo que has hecho hasta ahora, pero hay que seguir. Es como más responsabilidad. Ahora me sigue más gente. A esta gente le tengo que dar cosas que mueven. Yo he peleado con mis jefes para que tal…, pero es una pasada. Me llegan mensajes de todo el planeta. Es una locura.


