Claramor: “Para mí era importante recuperar esa parte de la historia que ha quedado silenciada”
'Nos recordarán', su nuevo libro
Detrás, o junto a este seudónimo de Claramor, está la divulgadora Clara González Freyre de Andrade, quien ha publicado su segundo libro, tras Un Van Gogh en el salón (Temas de Hoy, 2024), titulado Nos recordarán, también con la referida editorial. La obra, una mirada LGTBIQ+ al arte de todos los tiempos, permite a la historiadora del arte, especializada en Crítica y Comunicación Cultural, ofrecer nuevamente su visión inclusiva de esta disciplina.
Con más de 300.000 seguidores, impulsa el pensamiento crítico y visibiliza a mujeres y a personas LGTBIQ+.
Enhorabuena por el libro; haces en él un estupendo análisis histórico. Quería empezar preguntándote por el final del mismo, donde comentas que lo has escrito para esas personas que alguna vez se han sentido solas y no han tenido referentes. En tu caso, ¿también has tenido este motivo?
Yo creo que surgió sobre todo porque siempre escribo los libros que me gustaría leer. Y surgió porque dentro de mi disciplina, la Historia del Arte, siempre se estudian los mismos nombres y hay muchos silencios, por mucho que la gente piense que es algo ya escrito, y parte del pasado, y ha sido muy trabajado en cuanto a investigación.
Entonces, para mí era importante recuperar esa parte de la historia que ha quedado silenciada, no solamente en cuanto a artistas que no están dentro del canon, sino también a los que están dentro y sus vidas no se han usado desde la parte de la disidencia porque es incómodo. Y sí, pensaba que es algo que puede ayudar a mucha gente que no ha tenido referentes, porque yo creo que los referentes son súper importantes y el hecho de verte reflejada en otras personas te ayuda a naturalizar lo que te pasa, lo que sientes.
Y es algo que, por ejemplo, en mi momento no tuve. Sé que ahora estamos en una etapa en la que ya hay muchos referentes. Pero no históricos. Entonces me parecía guay hacerlo desde la perspectiva de la Historia del Arte.
De hecho, mientras lo leía, reflexionaba mucho sobre que soy de letras, he estudiado también Historia del Arte en el instituto y, claro, reflexionaba sobre que no me habían dado el nombre femenino de artistas y pintoras, pero mucho menos desde esa perspectiva. ¿Has notado algún cambio para mejor de cuando estudiabas a la actualidad con respecto a las mujeres?
Con respecto a las artistas, es verdad que en los últimos años se han empezado a integrar, sobre todo, en los programas educativos. En las universidades cada vez se habla más, y en los museos también, en la mayoría, no en todos. Obviamente, están haciendo un esfuerzo por integrarlas dentro del discurso. Creo que en el caso de las mujeres se ha hecho mucha labor de recopilación de nombres y de revisión del pasado, cosa que va un poco en contra del famosísimo artículo de Linda Noklin de por qué no ha habido grandes mujeres artistas.
Y creo que ahora toca meterlas en el discurso, y que no haya una contrahistoria del arte de las mujeres. Que sea ya la Historia del Arte con mujeres dentro, que no pasa nada, que están ahí. Y en el caso de LGTBIQ+ vamos atrasados. Es algo muy tabú. Todo el rato se alega que no se tiene que hablar de la sexualidad ni de la vida privada de nadie de cara a explorar su arte cuando la obra no se separa del artista. Entonces todo lo que sepas del artista te va a ayudar a comprender mejor la obra y eso incluye la sexualidad también.
Y de hecho, hay artistas que si no conoces la parte de su disidencia, su obra se queda un poco como a medias. Entonces yo creo que en ese sentido nos queda un montón por hacer, aunque sí es verdad que algunos de los grandes museos tipo Museo del Prado sí han hecho itinerarios LGTBIQ+, pero ahora de momento estamos como en la fase de “voy a intentar meter un programita en junio, que es el único momento del año en el que me dejan porque sé que los profesionales de los museos están muy atados de pies y manos”. Yo, como estoy fuera de la órbita de los museos y de la academia, ahí puedo hacer un poco lo que quiera, pero la gente está muy atada de pies y manos.
De hecho, me llamaba la atención, algo que comenté también en el libro: lo difícil que había sido resumir un poco el tema del silencio que había alrededor de muchas obras y de cómo se han suprimido a lo largo de la historia. Sí se ha hecho una lectura sesgada de las obras de arte y de la vida de los artistas y se han dado por supuestas, incluso, cosas en algunos casos que no son demostrables
Pero cuando tú buscas en el pasado referencias de personas que pudieron ser disidentes pero que se identificaron con modelos de ser y de amar distintos a la norma, siempre se sale con la coletilla de “es que estás mirando el pasado con los ojos del presente”. Eso está ahí, no es algo que te estés inventando. Si tú ves un cuadro en el que hay dos señoras desnudas con cara de tener un orgasmo, a lo mejor no eran dos amigas; muy obvio.
Y en el caso de las parejas, pasa igual. Tú cuando estás investigando y de repente te encuentras con una señora que no tuvo marido en su vida, que se tiró 40 años compartiendo vida con otra, que la pintaba en todos sus retratos y que además misteriosamente justo cuando murió quemaron toda su correspondencia. Es como, dos más dos son cuatro. Obviamente ahí hay algo que no encaja dentro de la sociedad. No puedes verbalizar tu deseo cuando es algo perseguido, pero está escrito. Y creo que se han servido mucho de eso para evitar nombrar la disidencia.
Es hora de meter ya a las mujeres en la Historia del Arte, que no pasa nada, que están ahí...
Claramor, autor de 'Nos recordarán'
Me gustaría también comentar un poco cómo ha sido para ti hacer una investigación de algo tan denso y tan complicado de resumirlo, de buscar cuadros, de cómo ha sido un poquito el proceso.
Yo te diría que con este libro me lo he pasado muy bien, cosa que no me pasó con el primero, con el que lo pasé fatal por el síndrome de la impostora. Pero es verdad que me ha costado de cara a elegir qué meter y qué no, porque al final yo no hice como un cribado muy específico, no me centré en un tiempo, no me centré en un lugar. Entonces, abarcar toda la Historia del Arte de todos los tiempos, de todos los lugares es imposible.
Por eso también, en parte, el libro lo he ordenado de una forma distinta a la cronológica. No es el libro que lees de principio a fin. Que es lo que suelen ser los de Historia del Arte. Y lo hice más con las etiquetas de la bandera adrede porque eso me daba juego a meter x obras, dejar otras fuera y al final creo que así era más interesante. Pero yo me lo he pasado muy bien. Y he aprendido mucho investigando sobre esto porque al final, aunque tenía cierta noción por mi interés propio, eso es algo que, no digo que sea inédito, pero no hay mucha información al respecto, y desde luego no hay ningún compendio que se atreva a hacerlo así desde el principio.
Y no desde la Historia del Arte. Hay alguno que sí lo es más desde la Historia, la Arqueología, pero desde Historia del Arte, muy pocos suelen estar siempre como en el siglo XIX o XX. No me volví loca. Leí mucho, muchísimo. A veces en idiomas que yo no controlo, en plan croata. Pero la verdad es que he disfrutado mucho escribiendo.
Me ha gustado un montón la manera de ordenar lo de la bandera.
Me gusta huir del formato típico del libro de Historia del Arte. Ante todo, mi discurso siempre es que la Historia del Arte tiene que ser accesible y democrática. Entonces, cuanto más lo sea el formato, y más visual, será mejor. Al final lo importante es que esto llegue a la gente.
Fotografía de Patricia del Zapatero
...en el caso de LGTBIQ+ vamos atrasados. Es algo muy tabú
Claramor, autor de 'Nos recordarán'
Creo que en este libro hay otro detalle que a mí me ha parecido relevante, que es el tono. Se ve que lo has escrito no solo utilizando también tu experiencia, sino en el tono sencillo, no solo desde el punto de vista de ser algo educativo.
A mí me costó mucho hacer el equilibrio con el tono, porque en mi primer libro sí es muy de cultura pop, es súper pop. Entonces sí tiene muchas referencias a la cultura pop. Muchos chistes malos, muy así, muy dicharachero. Entonces me costó mucho tener un equilibrio en este libro en el cual se sintiese que lo estaba escribiendo yo y que la gente se sintiese cómoda leyéndolo con el hecho de que lo que trato ahí muchas veces son cosas muy incómodas y violentas, y difíciles. Era como equilibrar para que esto no sea ni muy denso, ni muy triste.
Has estado acertada en esto. Te quería preguntar también por tu faceta de divulgadora, que la trasladas a las redes sociales. ¿Has notado, por ejemplo, que los museos también hacen muchos reels, muchos vídeos? ¿Crees que están ayudando a la cultura?
Las redes sociales en este caso están ayudando. Yo creo que sí. De hecho, lo creo a un 100%. Javier Sáenz de los Terreros, que es el uno de los que trabajan dentro de la estrategia digital del Museo del Prado junto a Bernardo Pajares, en una charla que dio hace unos años, decía que la divulgación es como el escaparate que llama a las personas que pasan por la calle a que entren a disfrutar del arte. Funciona para atraer a la gente.
Las redes sociales son ahora mismo como el foco principal de la divulgación, aunque no exclusivamente. Han ayudado a que mucha gente se interese por el arte, gente que no tenía ni idea, a la que no le ha interesado nunca, incluso porque yo misma lo veo. Hay muchas personas que me escriben y me dicen, “mira, yo soy de ciencias. En la vida pensaba que me iba a gustar nada de arte; me sales, me trago tus vídeos y, de hecho, he ido al museo a contárselo a mi amiga y es muy guay”. Y los museos también están avanzando en ese sentido. Yo creo que está apostando cada vez más por ello. No todos lo hacen, porque no tienen los recursos para hacerlo, pero están apostando cada vez más por las redes.
Yo llevo muchos años, y es ahora cuando estoy empezando a hacer colaboraciones con museos. Se nota mucho el cambio. Se ha demostrado que esto es válido, porque también te digo, cuando yo empecé a hacer divulgación no dije voy a ser divulgadora. Yo compartía cosas en redes sociales que me gustaban y de repente descubrí que eso se llamaba divulgación y que podía llegar a ser un trabajo. Era un poco como los youtubers antaño que subían videos.
Esto es igual. Yo subía cosas de arte justo cuando acabé la carrera. Además vivía en Sevilla cuando empecé. Y era como decir “alguien lo verá”. Pero no tenía aspiración ninguna.
En el libro hablas de Estrella de Diego. Por eso mi pregunta en este sentido es, ¿qué enseña el pasado al presente y qué desvela el presente del pasado?
Esta pregunta es muy difícil. En el prólogo la cito porque esa pregunta me parece como la clave para entender el libro. Mucha gente no quiere hacerse esas preguntas incómodas. Se iba a plantear que por qué tenemos que mirar al pasado constantemente. Creo que el pasado enseña al presente, obviamente. El hecho de no repetir las cosas que han ocurrido. Algo que tenemos mucho en la cabeza los historiadores, los historiadores del arte, la gente que nos dedicamos a estudiar cosas que han pasado.
La historia es absolutamente cíclica, y se demuestra constantemente que cosas que han pasado hace siglos vuelven a pasar a día de hoy. Creo que eso es principalmente lo que el pasado puede enseñar al presente y el presente al pasado. Por ejemplo, el caso de Picasso. Es el más polémico. Se discute mucho sobre si Picasso fue un misógino. Pero era otra época. Entonces, ¿qué tiene de malo que yo señale que eso que hacía era horrible y era absolutamente deleznable? No tiene nada de malo.
Eso es lo que el presente puede enseñar al pasado; realmente, siempre que no quieras cancelar al artista y sacar todas sus obras de los museos. Pero tampoco se trata de dejar de verificar las cosas y hablar de las que son cuestiones feas dentro de la historia. Entiendo que son las que a la gente le incomodan; no quieren hablar de ello. Pero creo que ahí estaría el equilibrio…


