'Quique González, el bagaje de los años y la solidez del presente'

Quique González, el bagaje de los años y la solidez del presente

Presentación de su álbum '1973'

Quique González llevó a Sevilla la gira de presentación de su nuevo trabajo, 1973. Su repertorio confirmó su actual etapa musical.

El pasado 14 de febrero, Quique González llevó su universo tan personal a la Sala Custom de Sevilla para presentar 1973, un trabajo reposado, reflexivo  y con más mirada hacia dentro que hacia el ruido exterior. Esa intención quedó clara desde el minuto uno: las cuatro primeras canciones del concierto marcaron el tono de una noche elegante, sin prisas y con las emociones en primer plano (‘Santos’, ‘Flashes’, ‘Terciopelo Azul’ y ‘La Caja de Herramientas’).

El repertorio confirmó que la etapa reciente del artista pesa (y mucho). Sonaron con protagonismo temas de sus últimos discos como Se estrechan en el corazón, ‘Preguntas sencillas’, ‘Lo perdiste en casa’  o ‘Sangre en el marcador’, reforzando la sensación de que el show miraba más al Quique actual que al del autor nostálgico. No en vano, 1973 tuvo un papel central.

Quique González, el bagaje de los años y la solidez del presente

Los clásicos llegaron de forma dosificada. La recta final sí se reservó para algunos de los más coreados (‘Pequeño rock and roll’, ‘Charo’ o ‘Los conserjes de noche’) mientras que otros hits se repartieron de forma más discreta a lo largo de la noche.

Es importante remarcar que durante el concierto, Quique González quiso agradecer en repetidas ocasiones el silencio y el respeto del público, que acompañó cada canción con una atención casi reverencial.

La banda, impecable y sin necesidad de exhibicionismos, fue clave para que todo respirara naturalidad: Karlos Arancegui a la batería; Jacob Reguilón al bajo; Toni Brunet, mano derecha del artista en los últimos años, a la guitarra; y Raúl Bernal a los teclados.

Fue, en definitiva, un concierto tranquilo pero con los picos de intensidad necesarios, de esos que no buscan ser protagonistas sino quedarse dentro. Los fuegos artificiales solo en los momentos necesarios muestran más verdad y eso, para quienes estaban allí, valió oro.

Fotografías de Isabel Alberro

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