Muere Franco Zeffirelli, un director de otros tiempos

El realizador de filmes como Callas Forever (2002), Té con Mussolini (1999), Jane Eyre (1996), Otello (1986), ganador del premio BAFTA con Plácido Domingo, Amor sin fin (1981), la lacrimógena revisión de la película de King Vidor,  El campeón (1979), Jesús de Nazaret (1977), Hermano Sol, hermana Luna (1972), Romeo y Julieta (1968) o La mujer indomable (1967), Franco Zeffirelli, ha fallecido en Roma, a los 96 años de edad.

Muere Franco Zeffirelli, un director de otros tiempos

Vida intensa

Detrás de Gianfranco Corsi (Florencia, 12 de febrero de 1923), conocido por el seudónimo Franco Zeffirelli, hay toda una vida de cine, por el cine y para el cine. Porque aquel niño que vivió y creció sin el cobijo de sus padres (su madre, Adelaide Garosi, falleció siendo un niño y a su padre lo conoció tras la muerte de esta), que mantuvo una lucha interna con su homosexualidad, que tuvo devoción por la gran Maria Callas (su adiós a la dirección fue un homenaje a la diva), que siendo un octogenario reconoció su amor platónico por Lucino Visconti, y que se desvivió por la cultura y, especialmente, por la ópera, es un hombre de otra época, de otro mundo. Y que hoy ha cerrado un ciclo vital muy intenso.

Fue director de cine, diseñador y productor de óperas, teatro, cine y televisión, guionista, político, luchó en la Segunda Guerra Mundial, estudió Arte y Arquitectura en la Universidad de Florencia…  Recibió, entre otros reconocimientos, el National Board of Review Award for Best Director (1968), el David de Donatello al mejor director (1969 y 1972), el Nastro d’Argento for Best Director (1969), el Comendador de las Artes y las Letras (1995),  la distinción como Caballero comendador de la Orden del Imperio británico (2004) y el Premio Coliseo de la ciudad de Roma (2009).

Grande de la cultura

El alcalde de Florencia, Dario Darnella, ha sido el mensajero de la mala noticia a través de Twitter, calificando a Franco Zeffirelli como “uno dei più grandi uomini della cultura mondiale” , dedicándole una cariñosa despedida en su nombre y en el de su ciudad natal: “Addio caro Maestro, Firenze non ti dimenticherà mai”.

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