'Fred Tatien: “Bianquetti es una víctima colateral de la violencia de género”'

Juan Miguel del Castillo le ha dado la oportunidad de disfrutar con su primer papel como protagonista. Manuel Bianquetti, personaje nacido de la creatividad literaria del novelista Benito Olmo es un policía, duro, curtido, pero inmerso en una gran crisis emocional por la muerte de su hija. En  La maniobra de la tortuga, Fred Tatien comparte cartel con Natalia de Molina en una historia marcada por la denuncia social.

Fred Tatien: “Bianquetti es una víctima colateral de la violencia de género”
Fotografía de Patricia del Zapatero

En La maniobra de la tortuga interpretas el personaje de Manuel Bianquetti, un policía con un pasado tortuoso que deja claro que los hombres duros también lloran… 

Eh…, sí (risas). Los hombres también lloran. Lo que pasa es que quizás la sociedad enseña a que los niños no lloren y las niñas sí. Desde el principio aquí hay algo que no funciona. Lloramos todos. Incluso algunos hombres que dicen que no lloran, en momentos difíciles también lo hacen, y no pasa nada. Todos tenemos sentimientos. Dónde y cómo expresarlos es otra cosa.

¿Cómo te has sentido en la piel de Bianquetti, un personaje del imaginario de la novela policiaca?

Sí, de Benito Olmo. Cuando leí la novela y encima me cogieron en el casting para este papel pensé que este personaje es una joya. Tiene muchas facetas. Es un tío muy introvertido por lo que le pasa en ese momento de su vida. Ha vivido un drama y está en periodo de duelo. Se aísla totalmente. Lo trasladan a Cádiz. Pierde de vista a su mujer y a su hija pequeña. Está totalmente solo. Sufre su dolor, no sabe qué hacer. Resulta que hay un caso en Cádiz de una chica joven asesinada por violación. A él le recuerda mucho a su hija. No puede meterse en este caso porque no puede ejercer como inspector. Pero acaba metiéndose. 

En ciertos momentos, el personaje me recuerda a ese solitario John Wayne del western, o incluso a Clint Eastwood como Harry Callaghan, que no se para ante nadie y no rinde cuentas a las normas…

¿Sí? ¿Te ha recordado a él? (risas). 

¿Te has inspirado en ellos para el papel de Manuel Bianquetti?

No. En estos, no. Entiendo por qué dices esto. Es verdad que tenemos la misma imagen del solitario que hace un poco su vida a su manera. Pero considero que él está ahí no porque quiera, sino porque es una víctima colateral de la violencia de género. Ya que me hablas de esto, he buscado referencias, como la de Lino Ventura, un actor francés que ya falleció, de los 60, 70, incluso de los 80. Era muy fuerte… Esta imagen que tengo de él, que sin hacer demasiado, con sólo su presencia, ya imponía. Su mirada… Mi personaje no habla mucho. Tenía esto en la mente. 

Compartes cartel con Natalia de Molina, quien interpreta el papel de Cristina. Nunca habías trabajado con ella, ¿verdad?

Nunca. Es la primera vez. Fue muy bonito y muy tierno, porque los personajes son muy buenos. Y a veces nos llevamos cosas de los personajes. Hacemos distinción entre personaje y realidad pero las sensaciones, las emociones que compartimos nos las quedamos como recuerdo. Ha habido mucha complicidad entre ella y yo.

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Fotografía de Patricia del Zapatero

La trama de la película se desarrolla en Cádiz y en lugares próximos a la ciudad. ¿Habías estado alguna vez allí?

Nunca. En Sevilla, sí. Hemos rodado aquí. Cádiz me encanta, me encanta el Sur. Es una ciudad muy bonita. 

Bianquetti ha supuesto tu primer papel como protagonista. Supongo que te habrá reportado buenas sensaciones.

Bueno, de cada papel, al final, sea grande o pequeño, aprendes cosas. He aprendido de todo lo que he hecho. Y con este papel, el primero como protagonista, me he divertido mucho, en todos los aspectos. Ha sido una experiencia enriquecedora.

Ocurre que el personaje de Manuel Bianquetti es muy profundo. Como dices, transmite más con sus silencios o sus miradas que con las palabras.

Eso era lo que Juan Miguel (Del Castillo) quería desde el principio. Luego yo me he dejado llevar por los planos que quería él y lo que estaba escrito en el guión. Es verdad que hay varias lecturas, porque hay palabras que están escritas y que si las cogemos en su sentido, a primera vista parecen insignificantes. Pero hay varias lecturas en lo que dice el personaje. Hay cosas muy fuertes. Parecen no tener importancia al principio pero tienen mucho valor. Es una víctima de la violencia de género.

La maniobra de la tortuga es un thriller, como es sabido, pero ofrece una gran denuncia social ante la violencia de género o el abuso de poder. Transmite muchos mensajes con una gran carga crítica. Y ahí está Manuel Bianquetti, como una especie de justiciero.

Sí. Es la imagen que da, pero no me gustaría que quedara sólo como esto. Es un hombre sencillo; no es un héroe. Está forzado por las circunstancias. No puede evitarlo. Quiere justicia para lo que le ha pasado. Parece que provoca las peleas, pero en realidad lo que hace es defenderse. Y lo hace mal. En los justicieros hay algo romántico, de ese personaje que salva al prójimo, que incluso está por encima de la Ley. Pero el mensaje de la película es “cuidado con esto también”, si actúas por encima de la Ley. 

Fotografía de portada de Patricia del Zapatero.

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